Si se da a conocer un megaproyecto en el prístino sur del país se activan todas las alarmas, pero al rellenan un humedal a escasos minutos de nuestros hogares, displicencia. Chile es un lugar con muchos paisajes y especies únicas, pero las cámaras no muestran las especies que luchan por no extinguirse a 10 km de la capital. Hablemos de ellas. Esta es la mota verde.

Por Javier Æøå y Vicente Pantoja

Fotografía por Matías Garrido

El cóndor, ave nacional, está en categoría de conservación. Actualmente hay salidas turísticas para ver a esta emblemática ave y existen proyectos de Chile y Argentina para repoblar comunidades en Colombia, Ecuador y Venezuela. El cóndor junto al huemul son símbolos de la conservación de especies en nuestro país y de manera similar, al hablar de ecosistemas en peligro, solo se nombran la Cordillera y la Patagonia, donde estas especies habitan.

Este es el límite. Al pensar en otras especies y otros hábitats de Chile que están amenazados, el imaginario colectivo y los esfuerzos en conservación de especies no llegan mucho más allá. 

 

Los “pantanos de Quilicura”

En la salida norte de Santiago se emplazan Quilicura, Lampa y Batuco donde existió un humedal gigantesco. Los humedales son ecosistemas de alta productividad, mucha diversidad biológica, fuentes de agua y donde muchas especies de animales y plantas encuentran las condiciones ideales para sobrevivir o abastecerse y continuar su movimiento. Hoy todo lo que queda de este humedal es la Laguna de Batuco y dos manchones de agua en terrenos baldíos de Quilicura. 

Lo que alguna vez fue un ecosistema del tamaño de Puente Alto, hoy son tres cuerpos de agua que luchan por sobrevivir entre galpones, autopistas, industrias y una sequía acrecentada por el cambio climático. 

Esta no es solamente una historia de degradación del medio ambiente, también es una historia sobre la percepción que tenemos respecto al espacio que nos rodea. Libros de antaño hablan con desdén de “los pantanos de Quilicura” y de la urgencia que existía por transformarlos en parcelas para árboles frutales que luego fueron readaptadas para acomodar a las más de 300.000 personas que viven hoy en estas comunas. Sin embargo, es esa misma percepción la que muestra ecosistemas prístinos en el norte y sur de Chile, allá donde viven cóndores, pumas y huemules y que deben ser conservados y mantenidos intactos. Acá en el centro no, acá hay ciudades y parcelas.

Hablemos con honestidad, todes hemos visto esas fotos maravillosas de Torres del Paine y San Pedro de Atacama y deseado conocer esos paisajes. Pero, ¿Cuánto nos hemos maravillado con la naturaleza que aún resiste en las inmediaciones de Santiago? Con todos los problemas ambientales que hay, avistadores de aves han registrado más de 150 especies de aves en las lagunas de Batuco, Lampa y Quilicura. 

Una de esas es la Becacina pintada, de unos 20 centímetros y de colores blanco, naranjo, café y negro, se alimenta de insectos, pequeños moluscos y otros invertebrados. Existe bibliografía de esta ave desde 1930, pero dice cosas como que “podría habitar” y “se cree que su rango es” en tal distribución geográfica. Para hacer las cosas más complejas, solo han habido avistamientos de Becacina en seis localidades de Chile. Es decir, todo lo que sabemos de esta especie proviene de libros de hace más de 50 años y de avistamientos aislados en humedales, ni siquiera hay registros de vocalizaciones (cantos) que esta Becacina realiza. ¿Cómo podemos conservar una especie de la que sabemos tan poco? 

 

Los observadores de la vida silvestre

La zona central de Chile está dentro de los 36 sitios de alta prioridad de conservación de biodiversidad del planeta, esto debido a la riqueza de especies y a la presión inmobiliaria e industrial. Muchos de estos ecosistemas no están protegidos con figura de parque nacional. 

En este contexto trabaja la Red de Observadores de aves y vida silvestre de Chile (ROC). Fernando Medrano es Ingeniero en Recursos Naturales, socio ROC y nos explica que la organización lleva 10 años realizando censos en los principales humedales de Chile en verano e invierno, permitiendo entender cómo las poblaciones han ido cambiando a nivel local y nacional. 

Esta valiosa información permite priorizar zonas de conservación; entre ellas los humedales de Lampa/Batuco y a la Becacina pintada. “La Becacina fue propuesta en peligro de extinción por la escasa cantidad de sitios donde fue avistada y por la poca información que se posee de ella. Por eso se quiere trabajar con ella para saber cuáles son sus requerimientos específicos como especie y hacer gestiones para proteger los sitios donde se le ha avistado” comenta el ingeniero.

Medrano también reflexiona sobre la situación de los humedales en la zona central: “los humedales de Chile Central no son escénicamente bonitos, no al nivel de Torres de Paine”. Esto conlleva que exista una tendencia a omitir su valor ecosistémico o ser convertidos en basurales dado una inadecuada gestión de residuos a nivel municipal y regional.

El ingeniero describe algunos de los esfuerzos que se están realizando a nivel local y destaca la Fundación de Canalistas del Maipo que compró el terreno del humedal de Batuco con fines de conservación levantando un cerco para evitar el ingreso de perros y administrar el lugar. 

Asimismo, en la desembocadura del Río Maipo hay varias organizaciones trabajando para proteger este importante lugar para las aves, por otro lado, el Humedal de Pichicuy, en la comuna de la Ligua ha experimentado una recuperación gracias a diversos agentes estatales y no gubernamentales. “Proteger estos últimos lugares que nos están quedando” sentencia Fernando Medrano. 

Es esa última reflexión la que comparten avistadores de aves del país. Es bonito ir a Torres del Paine y es importante aprender sobre el ave que está en nuestro escudo nacional. Pero también es vital conocer las especies que viven en nuestros patios traseros, en las faldas de los cerros que vemos todos los días, o que existieron en praderas y humedales donde nuestras casas fueron emplazadas. Conocer lo que hay es el primer paso para conservar, y especies tan amenazadas y tan poco estudiadas como la Becacina pintada, son importantes de conservar.

 

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