Es casi un mito el hecho de que, tanto el Liceo Manuel de Salas como el ISUCH,  forman parte de la Universidad de Chile. Dos colegios que operan bajo una lógica educacional privada pero que, a su vez, son considerados unidades académicas de la universidad pública del país, igual que sus facultades e institutos. Hoy revelaremos detalles de la relación entre la casa de Bello y sus ahijados, las diferencias y similitudes entre ambos colegios, sus falencias, desafíos y posibles aportes que podrían traer para la comunidad UCH.

Por Catalina Acevedo y Paz Calquín

Fotografías por Marco Jiménez

Si se observa con detención el organigrama institucional de la Universidad de Chile (UCH), es posible darse cuenta que desde la Vicerrectoría de Asuntos Académicos se desprende una pequeña unidad llamada “Liceo Experimental Manuel de Salas (LMS)”, y que, por otro lado, desde la Facultad de Artes se desprende el “Instituto de Estudios Secundarios (ISUCH)”. Dos colegios capitalinos considerados particulares, puesto que los alumnos son quienes deben pagar arancel y matrícula, pese a que su dueño es una universidad estatal.

El ISUCH como tal, depende de la Facultad de Artes, pues remonta sus orígenes a un proyecto impulsado por esta misma dependencia para suplir la necesidad de los antiguos estudiantes del Conservatorio Nacional y la Escuela de Bellas Artes que no podían continuar con su educación artística en el ámbito profesional, pues necesitaban la educación formal escolar para continuar sus estudios universitarios.

Mientras ocurre esta dinámica, paralelamente el Liceo Experimental Manuel de Salas depende administrativamente de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos, ubicada en Torre 15, y sus raíces se remontan al año 1932, junto con las aspiraciones de la directora general de educación secundaria, Amanda Labarca, para crear un “laboratorio pedagógico” secundario destinado a la aplicación y experimentación de nuevos métodos y programas de enseñanza.

Pero ambos colegios también comparten ciertos aspectos importantes en sus respectivos proyectos educativos. La innovación pedagógica en el aula de clases, el ímpetu de movilización estudiantil por parte de los alumnos a partir de la contingencia nacional, la laicidad, la tendencia izquierdista, y el foco en el arte y en el pensamiento crítico, son puntos en común entre ambos colegios, pese a que nunca ha habido algún tipo de interacción entre ambos.

 

 

Liceo Manuel de Salas: Un laboratorio pedagógico

Hace un tiempo se hizo viral la noticia de que el Liceo Experimental Manuel de Salas eliminaría las notas como método evaluativo para los cursos de primero y segundo básico, y es que su carácter experimental es histórico. Fue el primer liceo mixto de Chile, el primero en aplicar planes diferenciados para la enseñanza media, donde se iniciaron los centros de alumnos y los centros de apoderados, y donde se puso a prueba por primera vez la operación Deyse. Prácticas hoy naturalizadas en todo Chile, pero que fueron experimentadas en la casona de Ñuñoa que alguna vez fue propiedad de Pedro Torres y que hoy es Monumento Histórico.

Desde el establecimiento definen al alumno que egresa como un estudiante crítico a los sistemas sociales y normativos, capaces de aceptar la diversidad de personas siempre bajo una perspectiva de respeto y tolerancia, rigurosos en el estudio y la investigación, inquietos, preocupados por la actualidad y la discusión social. Prototipo muy similar al proyecto de estudiante que ofrece su casa madre, la Universidad de Chile.

El segundo semestre de 2002, y bajo las motivaciones de los distintos estamentos que componen al Liceo Experimental Manuel de Salas, se publicó la ley 19.820 que modificó la dependencia del LMS para que dejara de pertenecer a su histórica casa madre, la UMCE, y se incorporara a la dependencia orgánica de la Universidad de Chile a través de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos, de igual forma que las facultades e institutos de la universidad. El colegio posee una connotación especial, ya que que no funciona totalmente bajo las lógicas públicas, municipales ni privadas y posee un consejo asesor “multiestamental”, de 10 personas según establece la ley, en donde participan representantes de todos los actantes vinculados al liceo: Director, profesores, funcionarios, alumnos, apoderados y la rectoría de la UCH.

Sin embargo, aunque todo el personal del establecimiento tiene la misma calidad de funcionario público que poseen los trabajadores de la Universidad de Chile, Iván Silva, jefe de gabinete de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos asegura que el LMS es totalmente autónomo en lo económico: “nosotros no tocamos un peso de lo que genera el Manuel de Salas, ni esta vicerrectoría ni la universidad, y por contraposición tampoco se le entregan aportes para su funcionamiento”. En ese sentido, el liceo autosustenta su funcionamiento y los sueldos de sus funcionarios a partir de mensualidades, lo cual no significa que la UCH no apoye al colegio a través de gestiones normativas o administrativas como lo haría con cualquier facultad o instituto de la universidad de manera ordinaria.

También existen aportes no pecuniarios que realiza la universidad al LMS. Por ejemplo, el sistema de pago para los funcionarios, el diseño de su página web, el servicio de bibliotecas y  el registro de los correos institucionales, por lo que los servicios corporativos son usados como cualquier unidad de la UCH.

Por otro lado, desde la Vicerrectoría de Asuntos Académicos se asegura que la “dependencia” del colegio a la universidad ha favorecido la integración de diferentes unidades con el LMS, específicamente. Por ejemplo, el convenio con el Programa de Bachillerato, en donde existe un sistema especial de reconocimiento de ramos para los liceanos, que les permite a los alumnos de tercero y cuarto medio cursar un ramo de este programa académico, para que en caso de aprobarlo e ingresar al año siguiente puedan convalidarlo.

Los alumnos de la Facultad de Medicina también se hacen presentes en el liceo realizando mediciones de salud, mientras que los alumnos de psicología establecen vínculos académicos con cuando necesitan hacer focus group con estudiantes, por ejemplo; los vínculos con el Departamento de Educación de la Facso o con la Escuela de Pregrado del ICEI, y así diversos nexos que se establecen o pueden establecerse de forma interna para el beneficio mutuo de las unidades académicas de la UCH.

Pero los estudiantes del LMS discrepan de la condición de “apadrinamiento” con la Casa de Bello, y hace años exigen en sus proyectos de lista de asamblea y en sus petitorios el “reforzar y fortalecer la relación con la Universidad de Chile”. Miguel Contreras, moderador de la Asamblea del LMS advierte que existe desconocimiento por parte de la comunidad UCH respecto a la existencia del colegio, y que debería haber una mayor cercanía, y un canal de comunicación más directo y contínuo en el tiempo al momento de necesitarse mutuamente.

Amanda Cea, vocera de la asamblea e integrante del Consejo Asesor del LMS, habla de una relación precaria, basada en la imagen y en la institucionalidad: “De partida, deberían apoyarnos en dejar de ser un colegio privado”, siendo una de las metas principales del colegio a largo plazo, teniendo en cuenta que hoy en día el arancel supera los $200.000 mensuales. “Nos gustaría que hubiese un vínculo más allá de lo institucional, y una relación más personal entre estudiantes del LMS y estudiantes de la UCH. Sería ideal ayudarnos unos a otros, entendiendo, que por ejemplo los problemas del movimiento estudiantil nos competen a todos, o podría venir gente de la universidad a dar charlas, o nosotros podríamos ocupar sus instalaciones libremente, o asistir a algunas clases en JGM, más allá de la relación con Bachillerato”.

 

El ISUCH a la deriva: La escuela de los artistas

El Instituto de Estudios Secundarios de la Universidad de Chile, también funciona bajo cierta línea de rareza. Se considera un colegio particular desde 1993, según la ley 19.271 pues los apoderados pagan mensualidad y matrícula, pese a que su dueño real es una universidad estatal y cuya sostenedora es la decana de la Facultad de Artes, Clara Luz Cárdenas.

El Director del ISUCH, Jorge Morán Abaca, cuenta que el proyecto educativo del establecimiento tiene que ver con darle una formación escolar a estudiantes que han iniciado estudios de arte o tienen la intención de explorar el rubro, por lo que su intención es desarrollar las diversas habilidades del alumno: “estamos por sobre los contenidos y la materia, no nos interesa que nuestros estudiantes llenen cuadernos, necesitamos que desarrollen pensamiento, sean buenos ciudadanos y personas, no nos interesa aparecer en los ranking”.

Durante la jornada de la mañana, el ISUCH funciona en una casona antigua, graffiteada, ubicada en una esquina de La Alameda, a pasos del metro Los Héroes, sitio en donde realizan sus estudios académicos formales guiados por el ajuste curricular del Ministerio de Educación. Mientras que en la tarde, los alumnos se trasladan a las diferentes dependencias de la Facultad de Artes para experimentar de manera práctica la disciplina que les interesa: música, artes visuales o danza. Al egresar del colegio, los estudiantes entran por una vía especial a sus respectivas carreras en la U. de Chile, y una pequeña minoría deserta. Sin embargo, y aunque sea difícil de creer, los resultados del colegio a nivel PSU son destacables pese a su malla rupturista.

El decanato de Artes, al ejercer el rol de sostenedor, administra los recursos financieros de matrícula y arancel, la adjudicación de fondos concursables y posibles donaciones. Sin embargo, a pesar del vínculo fundamental que existe con Artes, al igual que el LMS, ambos colegios cumplen con la singularidad de ser particulares pagados y estatales al mismo tiempo. Pero no debe sorprendernos tanto, ya que recordemos que la misma U. de Chile se paga.

Actualmente hay 120 alumnos matriculados en el ISUCH, pero teniendo capacidad para 130 existe una brecha económica que se debe saldar para que el colegio siga funcionando, y es ahí donde la Facultad de Artes lo apoya monetariamente, para cubrir el saldo de las remuneraciones anuales a funcionarios.

Jorge Morán explica que con la Facultad de Artes tienen una comunicación y relación muy directa, están incorporados al proyecto de desarrollo institucional y los estudiantes se vinculan directamente con la infraestructura, clases y proyectos que se desarrollan en Artes. Sin embargo los encuentros o la relación con los organismos centrales de la Universidad de Chile y con otras unidades administrativas o académicas han sido más que nada esporádicos, entre ellas algunas citaciones al Senado Universitario para dar a conocer el ISUCH y su situación o para que los candidatos a rector hagan campaña.

“Nos sentimos completamente abandonados por la Universidad de Chile como tal, nos sentimos parte de ella, pero sí se podría decir que recibimos 'algo', es a veces alguna donación que nosotros pedimos de las cosas que desechan las facultades, debo ser muy crudo en eso”. Morán también señala que se encuentran en una “lógica absurda” en donde ellos deben autofinanciarse y mantenerse ya que no ha habido mayor preocupación por el ISUCH: “nos tenemos que valer por nuestros propios medios, hacemos grandes esfuerzos, a veces los profesores hacemos colectas para comprar cuestiones”.

Una de las aspiraciones del actual director del ISUCH es dejar a los alumnos estudiando en un nuevo espacio antes de jubilarse, ya que para él “los alumnos se lo merecen”: “hace mucho tiempo que estoy buscando un local para que nos cambiemos porque este es muy chico y a nosotros nos da mucha pena dejar a alumnos fuera cada año, pero no tenemos más espacio”.

La comunidad ISUCH es una familia muy cercana. El director asegura que nunca han habido episodios de bullying en los cursos, y que al conocerse prácticamente todos con todos, se crea una relación muy personal de retroalimentación entre grandes y pequeños, de respeto y buen trato con los profesores y los funcionarios. Este pequeño liceo ubicado en pleno centro capitalino, unido por las luchas estudiantiles de los últimos años, tiene mucho talento que mostrar al país y cumple la  misión de formar a los artistas del futuro. Sólo que, al depender de la facultad más precaria de la universidad, está condenado a las mismas lógicas de estancamiento en materia de infraestructura y de inyección de fondos para fomentar el desarrollo de las artes en sus diferentes manifestaciones.

 

El apéndice escolar de la Chile

Luego de haber hecho una radiografía general de ambos establecimientos educacionales, podemos advertir ciertas líneas generales del apéndice escolar de la casa de Bello. Rápidamente es posible advertir la sensación de “estar al debe” por parte de ambos establecimientos, en relación con la universidad estatal que los lidera.

Amalia González, estudiante de cuarto medio del ISUCH, y actual cursante del ciclo básico de la carrera de Danza en la Chile, es firme al declarar su sentir de desamparo por parte de la universidad y lo mucho que les costó vincularse más integralmente sólo con la Facultad de Artes y sus estudiantes. “Me parece muy malo y muy incoherente que en Chile no se conozca el ISUCH, que haya muy poca gente que sepa de él y que la educación artística sea tan poco visibilizada.  Que sea casi imposible de estudiarla, que sea cara y que no se valore”, cuenta.

Amalia es enfática al declarar que su crítica no apunta solamente a lo que sucede a nivel país, sino, por sobre todo a la universidad estatal que no ha sabido apoyar, potenciar o financiar a un liceo artístico, casi único en su especie.

Las ganas de ser parte de la educación pública y gratuita en Chile, de estrechar los vínculos con la universidad más importante del país en una lógica de retroalimentación y servicio basado en los múltiples beneficios que podría traer una posible hermandad horizontal que reemplazará el nexo histórico de “madre e hijos”, por parte de la universidad y sus colegios respectivamente, y la poca visibilidad que se le da a esta correlación, son puntos en común entre el ISUCH y el LMS, así como lo progresista y avanzado para nuestros tiempos que pueden llegar a ser, tanto en la educación experimental como en la artística.

Desde el LMS aseguran que siempre ha existido el interés, por parte de la comunidad manuelsalina de generar una vinculación más formal, única y, por sobre todo centralizada entre el liceo y la universidad, pero que al mismo tiempo sería muy difícil concretarlo ya que a la propia universidad le cuesta mantener en conexión a sus propios departamentos, facultades, y unidades académicas y administrativas, que no son pocos. Por lo mismo el colegio se limita a tener relaciones con una u otra facultad, pero relaciones que surgen de motivaciones específicas y personales por una de las partes.

Estos dos colegios, que legalmente son parte de la comunidad UCH, existen con el objetivo de indagar en experiencias educativas alternativas a los modelos tradicionales, las que han tenido resultados sumamente positivos, tanto en la formación valórica e integral de ciudadanos como en lo académico. Asimismo, abren sus puertas a nuestra universidad para sacar provecho al momento de hacer investigaciones, encuestas, prácticas profesionales, estudios de caso, experimentos sociales, etc. Sin embargo, no se puede sólo recibir sin dar nada a cambio. Los estudiantes secundarios tienen una voz muy fuerte que grita “cambios sociales, estructurales, de base”, y, como su casa madre, tenemos la misión de escuchar y potenciar, brindando ayuda en cualquier ámbito posible.

 

Acerca del Autor

Bello Público

Más artículos de este autor.

Comparte lo que lees

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • Oh... que veo harto con los ojos abiertos Leer más
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10

Instagram @bellopublico

<